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Literatura Politica


Portada de «La revolución radical en Antioquia», de Jorge Isaacs.
Bogotá, Imprenta de Gaitán, 1880. Fondo Arciniegas, Biblioteca Nacional, Bogotá

 

  La situación nacional después de la guerra se había puesto demasiado tirante, debido a que una de sus consecuencias fue que los radicales perdieran el poder nacional que habían controlado desde 1867 cuando derrocaron a Mosquera, resultando electo el general Julián Trujillo como presidente de la Unión. Esto hizo que la oposición se concentrara en las cámaras, donde los radicales mantenían una representación importante. El primer movimiento en contra del gobierno regenerador se efectuó cuando el Senado rechazó las listas de secretarios de despacho presentadas por Trujillo y cuando propuso dar garantías al clero. Pero lo más bochornoso se presentó en la Cámara el 6 de mayo de 1879, cuando Jorge Isaacs insultó al caucano Andrés Cerón, secretario de Guerra, su enemigo personal y político. Esto suscitó la airada reacción del pueblo bogotano (manipulada por el presidente), que atacó el hotel donde se alojaba Isaacs, junto con otros representantes. También fue atacada la casa de Manuel Murillo Toro, por lo que se esperaba un levantamiento general del radicalismo. De hecho Isaacs había sido el detonante de una crisis que estaba siendo impulsada por los radicales apoyados en su mayoría en el Congreso. La prensa independiente dibujaba así la situación: «Los sapos canta aún, i la oligarquía intenta quemar sus últimos cartuchos desde las Cámaras lejislativas». Después de algunos muertos y muchos contusos, el presidente se vio obligado a declarar turbado el orden público.
  En esos momentos, Isaacs era consciente de que se había convertido en el principal opositor al gobierno, pero con un mal cálculo político consideró que era llegado el momento de iniciar una revolución que permitiera a los radicales retomar el poder. Para ejecutar sus planes marchó a Manizales, ya que algunos radicales se estaban atrincherando en San Francisco (Chinchina), lo que obligó a que el gobierno del Cauca movilizara la Guardia Nacional. La situación se caldeó tanto, que el periódico cancano El 21 de Abril publicó un artículo remitido desde Manizales y titulado «Avisos de ruina», en el que se decía que en esa ciudad Isaacs había pintado con colores exagerados lo ocurrido en Bogotá inculpando al presidente de la República y acusándolo de haber «celebrado un compromiso con los conservadores para entregarles los Estados de Antioquia i Tolima. Dicho Isaacs partió para Medellín llamado por el general Rengifo; i ya podrán considerar cuánto hará para prevenir los ánimos i lanzar el Estado a la guerra. Estamos preparados contra toda aventura. A ustedes toca calificar las infamias de su paisano Jorge; por fortuna es hombre mal querido i despreciado». Los temores de los caucanos no fueron infundados, pues a pesar de que Isaacs se dedicó a redactar en Medellín La Nueva Era, ese mismo año encabezó una revolución que derrocó al presidente de Antioquia Pedro Restrepo Uribe. Su participación en dicho movimiento la explicó en el libro titulado La revolución radical en Antioquia (Bogotá, 1880).
  El movimiento revolucionario fue otra de las desafortunadas jugadas políticas de Isaacs, pues a pesar de que tomó el poder el 28 de enero de 1880, no contó con el apoyo de los principales líderes antioqueños, quienes en telegramas dirigidos al presidente de la Unión le solicitaron no reconocer su gobierno usurpador. En igual sentido se pronunció el general Valentín Deaza, comandante del Batallón Zapadores de Manizales, quien no aceptó el nombramiento de jefe del estado mayor general que le hiciera Isaacs, pues a nadie se ocultaba que el movimiento se había iniciado como una revolución contra el Gobierno Nacional. El movimiento de tropas nacionales desde Manizales y el Cauca logró que Isaacs fuera depuesto y que Pedro Restrepo recuperara en poder. Como consecuencia de ello Isaacs fue expulsado del Congreso, finalizando su vida política, aunque en 1884 fue nombrado director de Insutrucción Pública en el Tolima y en 1885 tuvo una no muy destacada participación en la guerra que los radicales le declararon a Rafael Núñez.


Literatura y política

La participación política de Isaacs se rozó con la literatura cuando escribió algunos poemas narrativos cuyo tema central eran las guerras civiles en las que se vio envuelto. Las tragedias que encerraban las contiendas militares fueron recogidas en «La montañera», «La vuelta del recluta», «El cabo Muñoz», «La muerte del sargento» y «Soneto a mi Patria», escritos entre 1860 y 1864. Esta temática fue retomada en 1874 cuando escribió «La agonía del héroe» y «La tumba del soldado», que parecen reflejar experiencias personales. El que sí corresponde de una manera más directa a las experiencias del autor fue «Después de la victoria», escrito luego de su actuación en la batalla de Los Chancos, ocurrida el 23 de agosto de 1876.
  Pero más importante, por las consecuencias políticas que tuvo, fue la persecución que sufrió Isaacs debido a sus desafortunadas actuaciones públicas. Un buen ejemplo se tiene en la publicación que realizó en Cali de «Los Motilones», un panfleto cargado de veneno contra los conservadores, que llevó a que Primitivo Sinisterra escribiera una burlona receta para el menudeo de drogas, que fue famosa y que habría de herir profundamente a Isaacs, ya que era repetida en todos los tertuliaderos: «Cortezas de Guayabonegro, 4 onzas. Flores de ilusión pecuniaria, 1 onza. Conserva añeja de motilones, 2 dracmas. Extracto alcohólico de vanidad, 1 onza. Agua del Fraile, 2 litros. Hágase hervir al baño «mana», déjese reposar y fíltrese».

 


«Atila», autógrafo de Jorge Isaacs, 1861. Biblioteca Nacional, Bogotá.

 

  Más graves fueron los ataques que se orientaron a tender sombras de duda sobre la autoría de María, su obra maestra. Luciano Rivera y Garrido describe así estos ataques: «Pero ¡ay! era preciso que se cumplieran una vez más las tremendas palabras de Jesús: 'ninguno es profeta en su país’ El Cauca, que tan orgulloso y complacido debiera haberse mostrado con un hijo como Isaacs, que tanta honra le ha procurado y tanto brillo ha dado a su fama [...] El Cauca, repito con pesar, fue el primero en llevar a los labios del poeta la copa de acíbar con que la ingratitud humana recompensa los generosos esfuerzos de los buenos [...] Pero, seamos justos, aunque nos mostremos de una severidad implacable con nosotros mismos: ¿no fue, por desgracia, en el Cauca, donde surgió primero la miserable y odiosa especie de que Isaacs era un impostor vulgar al hacer pasar como obra suya a María, supuesto de que esta no es sino el lamento póstumo, el gemido postrero del mayor de sus hermanos. Lisímaco, muerto en la flor de la vida? [...] Ya que fue imposible desgarrar las inmortales glorias de esa corona diciendo que el libro no servia de nada, se gritó ¡que era ajeno!».
  Los comentarios se hicieron especialmente frecuentes en 1879, cuando Isaacs encabezó la oposición al presidente Trujillo. Los liberales independientes y en especial los del Cauca no desaprovecharon ninguna oportunidad para burlarse del poeta, recordándole no sólo su oficio de escritor, sino también sus fracasos económicos. Un buen ejemplo de la utilización política de estos dos elementos los trae el periódico El 21 de Abril, que en su edición del 1° de junio de 1879 publicó una hoja suelta con el «proyecto de ley» que se copia textualmente: «CONGRESO NACIONAL DE 1879, PROYECTO DE LEÍ PRESENTADO A LA CAMARA POR EL H. I. CUCARRON. El Congreso de los Estados Unidos de Colombia, CONSIDERANDO: 1°. Que no es posible, según el radicalismo, permitir que a los literatos que pertenecen a la comunidad se les critiquen sus obras. 2°. Que teniendo conocimiento de que La Lid trae una crítica suscrita por un tal Régulo por la cual se quiere arrebatar las glorias i coronas al eminente publicista contemporáneo Jorge Isaacs i aun se tiene la osadía de dudar de que él sea autor de La María, DECRETA: Art. 1 °. Desde la publicación déla presente leí, se borrará de la lista electoral al señor Régulo, no se le dará boleta de entrada a las Cámaras i se le obligará al pago de los daños i perjuicios causados al señor Isaacs, los cuales si no pudiere abonar en metálico los arreglará en trabajo personal en la hacienda de Guayabonegro. Art. 2°. Se declara virihus et amis, pésele a quien le pesare, que el autor de La María es el señor Jorge Isaacs i el que se resistiere al espíritu de esta leí pagará una multa de $100 a favor del señor Isaacs. Presentado, &a, &a., I. Cucarrón. Se le dio primer debate i pasó en comisión al Representante Tiberio Sánchez [...].


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